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Los resultados derivados del ayuno intermitente son muy conocidos en la sociedad española. Sin embargo, se sabe muy poco sobre los trastornos alimenticios que puede llegar a crear

En la última década, hemos asistido al surgimiento de diferentes planes de alimentación que han intentado proclamarse como el paradigma de la pérdida de peso saludable: cetogénica, proteica o “paleo” son una buena muestra de ello. No obstante, desde hace unos años, el ayuno intermitente (AI) ha conseguido abrirse paso y extenderse por la sociedad española como una potencial alternativa.

Es importante aclarar el concepto antes de entrar en materia: el ayuno intermitente es un modelo nutricional en el que se alternan periodos regulares de ayuno y alimentación. De esta forma, al prescindir de la ingesta habitual de comida, el cuerpo se ve obligado a utilizar sus reservas calóricas de grasa. La fase de restricción de alimentos oscila entre las 8, 16 y 24 horas. Mientras que la de comer ocupa el tiempo restante. Por supuesto, estos parámetros se modifican en función de las singularidades del paciente y del criterio del profesional que les atienda.

Si nos decidimos a realizar esta dieta, es normal tener una cantidad considerable de preguntas, por ejemplo: ¿Es recomendable beber algún tipo de líquido en los periodos de ayuno? ¿Convendría practicarlo si estoy embarazada? ¿Acabará siendo perjudicial para mi salud? La respuestas son sí, no y ya veremos, pero vamos a desarrollarlo un poco más.

Nuestro metabolismo sufre cambios drásticos dependiendo del tipo de persona que seamos

Gonzalo guerra, cirujano general y del aparato digestivo

Beneficios contrastados de esta dieta

En palabras de Gonzalo Guerra, Cirujano general y del aparato digestivo del Hospital Ruber Juan Bravo, beber durante el proceso es una cuestión “innegociable”, debido a que el cuerpo puede tolerar bien la falta de alimento durante horas, pero la escasez de hidratación no. Agua, infusiones o zumos sin azúcar están permitidos en esta rutina. Es más, Guerra sostiene que el ingerir un porcentaje de líquido superior al habitual facilita el funcionamiento de los riñones, al mismo tiempo que el hígado mejora en su proceso de purificación. Concluye así, que no solo beber no es perjudicial para dieta, sino que el aumento del hábito logrará una depuración conseguida del organismo.

Respecto a los beneficios de este plan de restricción calórica, la revista científica Alimentación en Nutrición, en su publicación “El Ayuno Intermitente: ¿La Panacea de la Alimentación?”, es bastante precisa. Afirma que “en la actualidad se ha demostrado que mejora enfermedades metabólicas como la diabetes, directa o indirectamente, por la disminución de peso que conlleva”. En relación a los pacientes obesos o con sobrepeso, confirma que, con este plan, el AI “mejora y ayuda a la pérdida de peso“, y no solo eso, también “regula los ciclos circadianos y la calidad del sueño“.

A pesar de las conclusiones favorables que hallan profesionales y académicos, el AI no está diseñado para todas las personas. Existen casos abiertamente especificados en los que esta distribución alimentaria está contraindicada, según el cirujano Gonzalo Guerra el embarazo es uno de ellos. La pérdida drástica de peso, acompañada de la falta de nutrientes en los periodos de ayuno, no solo afectaría a la madre, sino que también lo haría al feto, impidiéndole un correcto desarrollo. Otro caso en el que está desaconsejado es en los pacientes con úlceras gástricas.

Los afectos adversos del AI

El Ayuno Intermitente puede ser un potencial desencadenante de algunos Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), sobre todo en personas con baja autoestima

Adriana Esteban, psicóloga de la Unidad de TCA en Instituto Centta

No es oro todo lo que reluce y Adriana Esteban, psicóloga de la Unidad de TCA en Instituto Centta, previene sobre sus peligros en una entrevista concedida a Europa Press. Las cataloga de “potenciales desencadenantes” de Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), sobre todo cuando el motivo de la iniciativa corresponde a un “motivo estético”. Si a esto se suman factores como la baja autoestima o la baja tolerancia a la frustración, se puede originar un clima apropiado para que “se manifieste la patología”.

La experta añade, a su vez, las causas por las que los pacientes que hacen el ayuno desarrollan estos trastornos y los divide en dos ramas: los incapaces de aguantar la fase de restricción y los que la sostienen durante demasiado tiempo. Los primero, corren el riesgo de verse desesperados por el hambre y caer en lo que se conoce como “darse un atracón”. La pérdida de control, puede llevar a un desarrollo de sentimiento de culpabilidad e incurrir en episodios bulímicos o “conductas compensatorias, como el ayuno, edemas, laxantes, o el deporte compulsivo”. Por otra lado, en cuanto a los segundos, los que alargan el ayuno, desestabilizan su metabolismo y pierden la capacidad de saber cuándo tiene hambre y cuándo dejan de tenerlo. De este modo, pueden llegar a “percibir la figura corporal diferente a como es en realidad”, esto recibe el nombre de ‘distorsión corporal’, apostilla la psicóloga.

La dieta que nunca falla

No sabemos si el ayuno intermitente ha venido para quedarse. Está claro cuáles son su beneficios y que la gente los conoce. Sin embargo, se ha demostrado que no es una práctica para todo el mundo, que existen contraindicaciones y que es capaz de fomentar los TCA. Por tanto, aún es precipitado emitir un juicio de valor categórico. Ni blanco ni negro. ¿Es aconsejable el ayuno? Depende. Depende de ti y de lo que tu médico, nutricionista o psicólogo te aconseje.

La única dieta para perder peso de manera saludad que nunca falla y que está aconsejada por académicos y profesionales, es la que incluye cinco comidas al día. Una dieta variada y equilibrada con carnes, pescados, legumbres, vegetales y fruta, acompañada siempre de una hidratación constante y de actividad física. Comer o no comer, tú decides.